Luciano F. Molinas (1888-1973)

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Militó desde sus primeros días en el Partido Demócrata Progresista junto a hombres que en su momento daban lustre a la política de Santa Fe y trascendían al escenario nacional, y tuvo a su lado a Lisandro de la Torre, Francisco Correa, Enrique Thedy, Enzo Bordabehere, Mario y José Antelo, y a tal punto descolló su personalidad que bien pronto fue candidato a gobernador y a legislador nacional (antes había sido diputado provincial), como lo fue luego a convencional constituyente nacional y en esta provincia.

Profesor universitario, volcó en la cátedra esa misma conducta y ese mismo talento y tuvo entonces esa cátedra el prestigio propio de sus méritos. Sociología, economía y finanzas, sucesivamente, fueron las materias de su dictado. Justamente ayer se han cumplido 42 años desde el día que la provincia lo eligió gobernador. Era el mismo día en que el fraude electoral impedía el triunfo de la fórmula presidencial que integraban Lisandro de la Torre y Nicolás Repetto. La gobernación del doctor Molinas permitió apreciar las dotes de estadista de este hombre que llegaba a ese cargo a los 43 años de edad.

Apenas llegado a la función pública, elevó a la Legislatura el mensaje para poner en vigencia la Constitución de 1921, de acuerdo con el programa de su Partido.

Inmediatamente , en momentos en que la situación económica y financiera, como producto de una crisis que abarcaba el mundo entero, hacía sentir sus efectos sobre las finanzas de esta provincia, ya desquiciada por gobiernos anteriores, dispuso la moratoria de la deuda externa, que alarmó a los banqueros internacionales, que creían en ese momento verse libres de una crisis tan grave como no vivió el mundo en lo que va de este siglo. En poco tiempo arregló la deuda, consiguió importantes reducciones de intereses y amortizaciones y se reanudaron los pagos con gran ventaja para la Provincia.

De acuerdo con la Constitución del 21, fue reformada la ley de comunas y se aumentaron las facultades que tenían esos entre primarios del poder político de los pueblos. Por medio de convenciones constituyentes municipales, se dictaron las cartas orgánicas de las ciudades de Rosario y Santa Fe. Se estableció un régimen de control de las leyes laborales y de conciliación y arbitraje obligatorios en los conflictos de trabajo que, en su sustancia, aún están rigiendo en esta provincia. Se crearon los consejos escolares electivos para que el pueblo fuera el dueño de sus propias escuelas; se descentralizó la administración. Se estableció un impuesto a los latifundios y al ausentismo rural y se dictó la ley de colonización. El sistema policial y el carcelario fueron reformados: se terminó con la mafia que asolaba la provincia y se construyó la cárcel modelo de Coronda, con grandes talleres, donde los reclusos hacían trabajos útiles.

A pesar de la grave situación económica y financiera, se dió un impulso extraordinario a las obras públicas, que, fundamentalmente, estuvo concentrado en la edificación escolar y en la construcción de caminos pavimentados que llevaron a Santa Fe a tener la red más amplia de la República.

En su primer mensaje a la Legislatura, el Dr. Molinas, para asegurar la continuidad de la administración propone rebajar su propio sueldo de gobernador en más de un 40% y a partir de allí una escala reductora que llegaba a cero para los últimos agentes de la administración.

Podría señalarse mucho más sobre la obra de gobierno de Molinas, pero ese gobierno era un mal ejemplo dónde se enseñoreaba el fraude en la República y dónde hombres conscientes de sus intereses y de sus designios no podían seguir permitiendo este “mal ejemplo”. La Provincia fue intervenida.

Bajó Luciano Molinas de la función pública con la frente alta dando un manifiesto al pueblo en el cual explicaba su obra de gobierno y la situación a que era llevada la Provincia en ese momento.

Nadie pudo señalar al doctor Molinas el menor desliz en el manejo de la cosa pública. Y este hombre tan arraigado en sus convicciones, honesto y probo, repúblico integérrimo, cuando llegó el momento renunció a la jubilación que le era debida como ex mandatario de la Provincia y fue el único que vivió hasta el final de sus días sin cobrar esos emolumentos.

Vinieron para él y para toda su generación, épocas muy difíciles. El siguió fiel a sus convicciones y a su militancia política, siendo nuevamente candidato a gobernador y a presidente y vicepresidente de la Nación.

Hasta el último momento de su vida, a los 85 años, en que acaba de fallecer, el doctor Molinas mantuvo su plena lucidez a pesar del desmedro físico que lo aquejaba desde hace doce años-fue convencional constituyente de la Provincia en 1961- y mantenía el interés por todos los asuntos nacionales y del mundo, y a ellos se entregó con esa pasión con que había comenzado sus primeros años en la política.

Tuvo en su partido todos los honores. Era un hombre que a esta alltura de su vida, por los méritos de su acción de gobierno y por el ejemplo de su conducta estaba por encima de toda consideración partidista. Desempeñó como nadie la máxima función en esta Provincia. Su vida toda es un ejemplo.

(Extraido del discurso pronunciado por el concejal Héctor R. Amez en el Concejo Deliberante de Rosario con motivo del fallecimiento del Dr. Luciano F. Molinas en la sesión del 9 de noviembre de 1973.)




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