Augusto Morissot (1894-1944)

Augusto Morisot
“Una persona con una creencia representa una fuerza social equivalente a la de noventa y nueve personasque sólo se mueven por interés”. 
John Stuart Mill

I

En una época de desasosiego, que lejos de alejarse parecería profundizarse, queremos evocar una figura injustamente olvidada, que se entregó a los más altos principios a favor de un modelo que quedó definitivamente sepultado en el tiempo. Se trata de Augusto Miguel Morisot, universitario cabal, político de fuste y abogado probo.

II

En la lejana ciudad puntana de Mercedes, en el hogar compuesto por Víctor Augusto Morisot, de origen francés, y María Baquero, nace el 20 de abril de 1894 nuestro evocado. Apenas niño, la familia se instala en Santa Fe, donde llevará adelante su vida, ya que su padre era funcionario de la empresa francesa de ferrocarriles.

Realiza sus estudios medios destacándose como el mejor bachiller y se inscribe en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, realizando los primeros cursos con notas destacadas. Pero su vocación estaba en el Derecho y regresa para incorporarse a la Facultad de Derecho de Santa Fe, en los tiempos en que era provincial.

Augusto MorissotVive apasionadamente el movimiento político estudiantil de 1918 que tiene su principal centro en Córdoba abrazando los principios de la “Reforma universitaria”.

Le tocó vivir horas intensas; en 1919 es electo por sus compañeros como presidente de la Federación Universitaria de Santa Fe y, al año siguiente, como presidente del Centro de Estudiantes.

De la mano de su militancia universitaria abraza con lealtad los principios de la “democracia progresista” e integra la redacción de Nueva época, un diario que precisamente respondía al Partido Demócrata Progresista.

Con el título en su poder, decide formar un hogar y contrae enlace, el 7 de mayo de 1921, con Amelia Sabina Espino con la que tendrá sus dos hijas, María Magdalena Violeta (24/07/23) y María Elena Augusta (26/02/31).

Intérprete cabal y honesto de los ideales de Lisandro de la Torre, comparte con éste el binomio para las elecciones a gobernador y vice, pero llegará la intervención nacional y el comicio no se concretará.

Superada esta frustrada experiencia política, se vuelca definitivamente a su actividad universitaria junto al ejercicio de la profesión, atendiendo en su estudio de Cortada Falucho 2560.

Previo concurso, obtiene la cátedra de Derecho Penal y ética profesional en 1922; Derecho Penal, primer curso, en 1924, y Derecho Penal, segundo curso, en 1930, disciplina en la que logró el reconocimiento de sus pares. Fue permanente colaborador tanto de la revista Universidad, como en la de la facultad y del centro de estudiantes.

Sostenía una particular afinidad con los estudiantes que masivamente concurrían a escuchar sus lecciones y, durante los cursos de 1941 y 1942, un grupo de alumnos tomó cuidadosamente apuntes que luego el propio Morisot corrigiera para convertirse en un verdadero manual de la cátedra.

Siempre con el voto de colegas y alumnos, integró el consejo directivo en varios períodos, para ser electo como decano en 1930 y en 1932. La asamblea universitaria lo entroniza rector en 1932, siendo el más joven en la historia de la casa de estudios. Su tercer mandato como decano llega en 1940.

En 1943, cuando se produce el golpe militar, se intervienen las universidades y en Santa Fe designan al tristemente célebre Giordano Bruno Genta, casi el ideal del fascismo, que lo hostigó hasta en su vida privada, lo que provocó que renunciase a todos sus cargos.

Se destituye a todos los decanos y, cuando tiene que entregar el mando, improvisa un discurso ante los alumnos de la facultad, que permanentemente lo aplauden, rebatiendo todos y cada uno de los argumentos de la intervención. Levantaba sus principios democráticos “contrarios a cualquier dictadura, venga de donde venga”.

Apesadumbrado por esta frustración en la construcción de una sociedad democrática, antes de cumplir cincuenta años, fallece el 21 de enero de 1944.

III

Vivió y murió en la austeridad decorosa de los grandes que cruzan por el mundo mirando siempre hacia las estrellas para conservar el alma luminosa y fuerte. Su patrimonio único, herencia de gloria para los suyos, lo constituyó el modelo de vida que, sin una sola mácula, llevó adelante.

El maestro verdadero es siempre maestro de la vida y de conducta, de sabiduría y de ejemplo. Esa unidad indivisible que confiere personería moral y jerarquía al espíritu la conservó Morisot celosa, firmemente. Y es hoy el mejor blasón de su gloria póstuma.

Por Ricardo Fessia, (publicado en el periódico El Litoral 21/04/10)




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